OBRA: "EL BESO"
AUTOR: GUSTAV KLIMT
El Beso
4907-1908
Óleo sobre lienzo 180x180 cm.
Österreichische Galerie,
Viena (Austria)
Calificado de obra maestra "El beso" es la pintura más célebre de Klimt. Símbolo de la Viena finisecular y uno de los íconos del arte del siglo XX, fue expuesto en la Kunstschau de 1908. Tras la agria polémica suscitada por las pinturas de la universidad, la obra recibió grandes elogios. Su adquisición por parte de una colección pública estableció el primer paso para la reconciliación de Klimt con el gobierno.
El beso constituye la cumbre del denominado período dorado del pintor, que, desarrollado entre 1903 y 1909, se caracterizó por el abundante empleo de panes de oro en la pintura, la suntuosidad de los motivos ornamentales y el tratamiento de la superficie pictórica al estilo de los mosaicos bizantinos de Ravena, que tanto habían impresionado a Klimt durante su estancia en Italia en 1903.
El tema del beso entre un hombre y una mujer no era nuevo en Klimt, quien ya lo había tratado en el lienzo Amor (1895), la sección El anhelo de la felicidad se calma con la poesía del Friso de Beethoven (1902) y el panel La satisfacción del Friso Stoclet (1905-1909). En líneas generales, los elementos formales y los recursos estilísticos tampoco son nuevos: el formato es cuadrado, habitual en Klimt; la pintura carece de profundidad; la acción de El beso transcurre en un lugar indeterminado y un espacio intemporal; la composición mantiene el sentido piramidal de otras obras anteriores; el tratamiento decorativo es semejante al de un mosaico, y los ornamentos mantienen su concepción geométrica y abstracta.
Respecto a sus antecedentes de los frisos Beethoven y Stoclet, la posición de los protagonistas también es nueva. El hombre no aparece de espaldas sino de frente, pero en una posición escorzada. Su cabeza, que luce una corona de hiedra, es visible, pero su rostro no es identificable. El cuerpo de la mujer, en cambio está de perfil, y su rostro vuelto hacia el espectador. Está arrodillada y ello induce a pensar que su amante también lo está, aunque sus pies parecen estar fuera de plano.
Sobre una superficie inclinada, repleta de flores, ambas figuras se funden en un abrazo. Él sujeta la cabeza de ella mientras le da un cariñoso beso en la ruborizada mejilla. Por su parte, la mujer rodea con su mano derecha el poderoso cuello del varón y con su izquierdo acaricia la mano de él. Su rostro, con los ojos y los labios cerrados, está reclinado sobre su desnudo hombro izquierdo. Su actitud es serena y ensoñadora. Sus cabellos parecen formar parte de un aura floral.

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